Cómo cambiar (o no) el mundo.


¡Quiero cambiar el mundo! Decía un yo más jóven

¿Qué recibía como respuesta?

"Ya te darás cuenta de que eso es imposible...", "Ya verás cómo se te pasan las ganas", "Eres un poco ambicioso", "Tú lo que tienes que hacer es...", "Yo también pensaba eso a tu edad" etcétera.


Mi más sincera enhorabuena a quienes dieron y dan esas respuestas por intentar, y a veces conseguir apagar a esas pocas mentes inquietas y con sed de cambio, mejora, progreso... tan necesitadas hoy en día.


¡La mía no se apagó! A los guerreros se nos encienden aún más. Suena a reto.


Pero, ¿qué estaban diciendo en realidad esas voces? Quizá, sin saberlo estuvieran intentando negar un hecho irrevocable:

Todos y cada uno de nosotros estamos cambiando el mundo cada día, con cada acción y cada decisión tomada. Es inevitable. El mundo es un reflejo de nuestras ideas, creencias, prioridades, acciones... Es el resultado de cómo lo cambiamos.



La cuestión es: ¿Cómo lo estoy cambiando? ¿Cómo se relacionan mis acciones con el mundo? O en otras palabras, ¿Qué impacto tienen mis acciones en el mundo?


Podríamos escribir varios libros para responder a estas preguntas (muchos ya están escritos) pero mejor vamos a usar un ejemplo: La basura.



Al nivel más físico y de magnitud XXL, la basura es una de las especialidades de la humanidad. La producimos constantemente. Tanto que, desde los países occidentales, a veces hasta la exportamos a otros países y otros continentes. Y no cualquier tipo de basura, no; de esa que no tiene lugar en el mundo natural en el que vivimos; de esa que desde el momento en el que se produce, ya sabemos que es basura y que lo será por miles de años, durante los cuales se dedicará a contaminar el agua, la tierra y el aire.


Pero no pasa nada, porque no hay ninguna norma social (ni mucho menos legal) acerca de generar niveles astronómicos de basura que perjudiquen al planeta entero y a las generaciones futuras. Pero que no se te olvide plancharte la camisa, ¡eso si que es importante!


Hemos creado un mundo ilusorio y unas normas sociales que poco tienen que ver con el mundo en el que vivimos y nuestra relación con él. Es hora de poner los pies en la Tierra, equipo.

Cada un@ de nosotr@s tiene el deber de informarse y tomar responsabilidad por sus acciones. No nos podemos permitir seguir ignorando lo que no nos gusta


Si te interesa saber un poco más acerca de tus hábitos de consumo y su impacto socioambiental, recomiendo totalmente Carro de Combate, un proyecto dedicado a averiguar e informar acerca del impacto de muchos productos que consumimos.


¡Vamos equipo, podemos mejorar! Hay muchos proyectos y productos ya en el mercado que buscan un impacto neutro o positivo. Si buscas tips, ideas y guías, te recomiendo echarle un vistazo a Monouso o Ekoideas.


Con un poco de voluntad y conciencia, podemos desaprender y transformar nuestro modo de consumo en uno más sostenible y con impacto positivo. Para eso necesitamos herramientas de información y repito, ¡un poquito de voluntad! También viene bien entender un mínimo cómo funciona el planeta del que somos parte, y por supuesto, apoyar aquellos productos y proyectos que intentan, a contra corriente, hacer de este un mundo Fruktifero.

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